TESIS II
No pensé regresar al tema comentado en el post TESIS, pero las observaciones del joven Reynaldo Lastres Labrada, que a continuación reproduzco, me anima a sumar otro par de ideas. Dice Reynaldo:
“Es interesante proponer renovaciones, sobre todo de los más jóvenes en el ambiente crítico del cine cubano actual, es verdad que hasta cierto punto somos unos verdaderos invisibles. Pero como ya se ha dicho otras veces, la culpa, aunque no es solo nuestra, es también de nosotros. A ver.
En la Universidad de Oriente, donde existe una facultad de humanidades donde todos los años se realizan investigaciones sobre cine y crítica cubanos. La verdad, los resultados no son muy estimables y del todo atendibles: no se vive el cine con la intensidad de quien quiere sacarle sus más íntimos secretos. Se vive solo a nivel de un puro ejercicio académico, que nos va a promover para licenciados. En tal ambiente podemos sacar muy poco de los trabajos de diploma (aparte de que la mayoría se deja llevar por el tema de moda, y no hace más que vulgarizar más lo que de por sí, es ya un poco vulgar).
Entonces, no cabe duda que el reto no es sólo de los jóvenes, hay que trabajar codo con codo. Hay que establecer relaciones del tipo tutor-alumno, y así darle continuidad a los estudios, a las ideas, para renovarlas, reformularlas, y sobre todo, para encontrar respuestas. Mientras la crítica permanezca desunida, no podremos sobrepasar los cimientos”.
Quisiera precisar que si algún reproche deslicé en el post anterior no fue precisamente a los jóvenes. En verdad, cada cosa que escribo aquí no tiene otra intención que someter a crítica lo que hasta ahora he conseguido como investigador. Si eso sirve para que otros me ayuden con sus propios puntos de vistas, sus propias experiencias, pues mejor aún. Sigo insistiendo en que esto es solo un blog que propone reflexiones, e invita a hacer preguntas.
Una de ellas, a raíz del comentario del lector, podría ser esta: ¿quién impone los límites que supone escribir desde la institución, entendiendo por “institución” ya no al ICAIC, sino al concepto de “cine cubano” que se da por concluido en casi todas partes? Cuando se establece un tema de investigación, y alumno y tutor pactan para durante cierto tiempo estudiar determinados asuntos, ¿están realmente abiertos los dos a la búsqueda de la verdad, o ya tienen pre-determinados en qué ambientes y dirección se moverán las pesquisas?
Es un asunto complejo, y que no creo que resulte exclusivo de Cuba. En la isla hay temas que por razones ideológicas o morales resultan tabú, pero fuera de ella, uno se encuentra el otro extremo: aquel donde la obra del ICAIC es negada de punta a cabo debido a la misma razón ideológica, aunque a la inversa. ¿Qué puede hacer un investigador al que le interese, por encima de las opiniones que se excluyen, encontrar un ángulo que permita comprender la complejidad de ese campo cultural? No negar o hacer apología, sino estimular la discusión, y encontrar un punto de vista superior.
En principio creo que hay que alejarse un poco de ese círculo vicioso en que hemos caído, y donde solamente escuchamos lo que decimos el mismo grupo de siempre. Hay que abrirse al mundo. A los paradigmas teóricos que se proponen en este instante. Ya no hay excusas para afirmar que no tenemos acceso a esos textos, pues las nuevas tecnologías están facilitando el camino. En el noveno piso del ICAIC, por ejemplo, Desiderio Navarro tiene una formidable biblioteca digital gracias al Centro Teórico que dirige. ¿Cuántas veces han consultado los críticos, los tutores, o los alumnos, esos textos? ¿Cuántas veces los han discutido críticamente, que tampoco se trata de importar por importar ideas?, ¿estamos enseñando a los más jóvenes a buscar más allá de lo que la institución afirma y reafirma?
Por otro lado, están esos clásicos del pensamiento herético, que nunca pasarán de moda. No tanto por el contenido de las ideas (que por humanas, son rebatibles), como por la actitud que asumen ante ese peligro que significa “pensar la verdad”, y por ello mismo, pagar con el rechazo de una mayoría que prefiere la rutina intelectual. Pongamos el ejemplo de Unamuno, cuando afirmaba aquello de que: “Y lo más opuesto a buscar la vida en la verdad es proscribir el examen y declarar que hay principios intangibles. No hay nada que no deba examinarse. ¡Desgraciada la patria donde no se permite analizar el patriotismo!”.
Tal vez en esas restricciones (muchas veces autoimpuestas) radica el origen del olvido prematuro de tantas tesis o investigaciones que prometían descubrimientos importantes. O peor aún, quizás eso explique la ausencia de investigadores jóvenes que, con el tiempo, hayan sido capaces de disputar en público el punto de vista de la Crítica dominante. Y me consta que hay jóvenes brillantes. Justo esa evidencia es lo que provoca mi perplejidad ante el obstinado retorno de lo idéntico.
Ahora bien, otra cosa que tendríamos que enseñarles a los jóvenes es que pensar por cabeza propia, argumentar nuevos puntos de vista (sobre todo esto: argumentarlos) inevitablemente acarreará un sinnúmero de escollos. Cerrará no pocas puertas. Despertará recelos en el Poder, y también entre quienes pretenden sustituir a ese Poder. Pero esto le ha sucedido a todos los que se han interesado en ir más allá de lo que dice “todo el mundo”. Por eso es bueno buscar inspiración en los que han devenido héroes intelectuales en sus respectivas épocas, sin importarnos la coincidencia de ideas, o la lejanía de las fechas. Pensemos, para poner un último ejemplo, en la lucidez de Einstein cuando escribía aquella reflexión:
“La evolución de la ciencia y de las actividades creadoras del espíritu en general, reclama otro modo de libertad que puede calificarse de libertad interior. Esa libertad de espíritu consiste en pensar con independencia sobre las limitaciones y los prejuicios autoritarios y sociales así como frente a la rutina antifilosófica y el hábito embrutecedor del ambiente. Esta libertad interior es un raro privilegio de la naturaleza y un propósito digno para el individuo. Empero, la comunidad puede realizar también mucha labor de estímulo en este sentido, por lo menos al no poner trabas a la labor intelectual”.
Juan Antonio García Borrero

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Un Comentario »
Estimado Juan Antonio:
No veo en ninguna medida mal que también se busquen las verdades críticas en la obra los jóvenes. Para nada. Pero no podemos cegarnos. La juventud siempre se ha caracterizado por esa actitud emprendedora, que la ha llevado en más de una ocación a demoler montañas. Hoy recuerdo con qué ímpetu Ambrosio Fornet, en su juventud, polemizó encarecidamente con J. Antonio Portuondo a propósito de la novela de esos años. Pero la juventud de Ambrosio es, en más de un aspecto, distinta a la juventud crítica de hoy.
Por un momento se declaró el ejercicio de la lectura en estado de alerta, hoy, en parte gracias a las nuevas tecnologías, se vuelve a leer, incluso, con un carácter masivo. Pero qué ha cambiado: hoy la juventud lee a Harry Potter, e ignora a La montaña mágica o al Ulisses (evitando las generalizaciones, hablo por la dominancia). El cine de los años dorados es urgado con desgana, dada la abrazadora fuerza con que las series norteamericanas han sitiado los gustos en ese apartado estético. Los resultados no pueden ser los mismos. Eso es una verdad a voces. Se oye decir a algún musicólogo: "la música que escuchamos es un reflejo de la época en que vivimos." pues nada, estamos en el imperio del reggeton, con su culto al dinero y su exeso de machismo, ese es el reflejo de nuestra juventud: no se le pidan peras a una mata de mango.
Esta juventud, delineada LUEGO de la etapa que el crítico Jorge Fornet llama como la narrativa del desencanto, es decir, los nacidos finales de los setenta y en los ochenta, ha perdido casi por completo la perspectiva ideológica.
En el campo del cine, ya no somos aquellos movidos por la vanguardia neorrealista, ni por las alteraciones formales de la Nueva Ola, es, desde muchos puntos de vista, una generación sin perspectiva. Una generación que no se ve como grupo, que no sabe de iguales, porque los intereses son dispares y no existen vasos comunicantes. Si hubo una juventud que se avergonzaba de no haber leído Paradiso, y de desconocer la filosofía de Hussel, la de hoy se enorgullece, y hace de la opinión apresurada su pan de cada día, del conocimiento desorganizado sus cimientos. Por eso creo debe de alentarse, debemos de creer en esa juventud (si no estaríamos perdidos), pero no debemos dejar pasar por alto en lo que se puede convertir en su empeño.
En tu post TESIS comentabas sobre las ideas de cierta tesis, pero le reprochabas que se quedara "encerrada en los predios académicos". Pues bien, debemos de librarnos de los academicísmos, pero no podemos hacerlos a un lado, por ahí se debe empezar. Creo que es lo que debemos de exigirle a una tesis: academicismo. A no ser que estemos en presencia de un nuevo Nietzsche, y entonces estaríamos hablando de otra cosa.
Reynaldo Lastres Labrada