JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (3)
En la década del 70 se vio la necesidad de tener un laboratorio capaz de procesar películas en colores. Los propios técnicos del ICAIC, incluyendo al desaparecido Ingeniero Julio del Campo, no solo confeccionaron el diseño y los planos del laboratorio, el que se construyó en Nuevo Vedado, en Tulipán y Bellavista, una zona que había comenzado a desarrollarse con nuevas construcciones industriales, administrativas y de vivienda, sino que también, basados en la experiencia del curso impartido por los checos en 1963-64, organizaron un curso para la nueva generación de técnicos que harían funcionar el Laboratorio de Color.
En ese grupo entré yo, junto con José A. Cangas, Ibis Luis, Haydee Ravelo, Marta Planas, Raúl Fernández, Héctor Lara, Carlos González, Miguel A. Pérez, Gilda Ramírez, Esther Porto, Georgina Romero, Marlene Jaime, Guillermo Alonso, Enrique Arrieta... Durante año y medio estuvimos estudiando intensivamente, y pasando prácticas en los laboratorios blanco-y-negro existentes (Cubanacán, Telecolor) durante un año más, hasta que en 1975 se inaugura finalmente el Laboratorio Color del ICAIC.
Además de la mayoría de los graduados del curso de técnicos de laboratorio, muchos trabajadores de experiencia fueron a trabajar al nuevo Laboratorio de Color. Entre ellos, alguien quien ya mencioné antes: Alberto Ramos.
Alberto traía una gran experiencia como técnico mecánico, desarrollada en el Taller de Partes y Piezas, lo que le convirtieron en un puntal importante del taller de mantenimiento del nuevo Laboratorio.
Otro técnico que trajo su experiencia a los nuevos equipos, dotados de una electrónica más sofisticada, fue Juan Cruz, quien anteriormente trabajaba en el Taller de Moviolas y Equipos Electrónicos, en 10 y 25, en el Vedado.
También se incorporó al Laboratorio el Ingeniero Gonzalo Echarte, proveniente del Departamento de Sonido.
El tercer especialista en electrónica resultó ser un trabajador de tercera generación en el ICAIC. Roberto Agudo provenía de una familia de trabajadores del cine desde los inicios del ICAIC. Su madre y su abuela trabajaban en los talleres de vestuario de Cubanacán.
Los primeros equipos instalados en el Laboratorio ya llevaban algunos años de comprados, y eran de una tecnología a punto de quedar obsoleta, de modo que pronto se adquirieron nuevos equipos que introdujeron la era digital en el cine: Las máquinas impresoras B&H Modelo C, con controlador digital de las luces de copiado.
Yo, personalmente, no me incorporé al nuevo Laboratorio Color hasta 1980, sino que continué como químico y tecnólogo del Laboratorio de Cubanacán luego de terminar el Curso de Técnicos. Durante este tiempo continué estudiando en la Universidad, mediante los cursos para trabajadores, hasta graduarme de Ingeniero de Procesos Químicos, camino que compartieron y siguieron otros colegas, como José Cangas, Ibis Luis, Carlos Bequet, Roberto Agudo, y una compañera que en aquél entonces trabajaba en la "Fílmica del MINFAR", como conocía todo el mundo a los Estudios Cinematográficos de las FAR, Nancy Angulo, la cual trabaja hoy en el Laboratorio Color del ICAIC.
El equipamiento técnico del Laboratorio Color, incluyendo las inversiones que se estuvieron haciendo hasta principios de la década de los 90, lo ponían a la altura de cualquiera otra instalación de su tamaño en el mundo. Por otra parte, el nivel de preparación profesional de sus trabajadores realmente lo podía situar entre los mejores.
Entre los años 1985 y 1986 se adquirió la primera computadora personal para el laboratorio. Ya en 1988 se lograba la primera aplicación de técnicas computerizadas para el laboratorio, y al año siguiente se acometía el trabajo de generación de subtítulos para las películas utilizando la primera computadora adquirida años antes, acoplada a una cámara soviética "Druzhba", logrando resultados exitosos a fines de ese año.
Las dificultades económicas asociadas con el llamado "Período Especial" golpearon muy duro a las instalaciones técnicas, fundamentalmente porque comenzó a faltar la materia prima principal: la película cinematográfica. El cierre de la fábrica ORWO, al desaparecer la República Democrática Alemana nos privó de un suministro de película a través de los sistemas de contratos preferenciales que fueron usuales desde mediados de los años 60. Las dificultades para la adquisición de productos químicos siguieron, y el flamante Laboratorio Color del ICAIC fue languideciendo hasta su situación actual de semiparálisis.
José Llufrío (Químico y Tecnólogo de los Laboratorios del ICAIC 1972 - 2002)
Actualmente trabaja como químico en el laboratorio Technicolor de New York
OTROS TEXTOS EN EL BLOG VINCULADOS A ESTE POST:
JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (1)
JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (2)

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Comentarios(2) »
Magnifico el testimonio del colega LLufrio. Lamento haberme perdido los 2 fragmentos anteriores, pero creo este, como los de Pucheux y otros tantos magos del cine, pertenecen a lo que pudieramos llamar La Historia Jamas Contada del ICAIC, la historia de como se fue creando una industria cinematografica a golpe de ingenio, compromiso y pericia sin limites. Los historiadores del cine y el arte cubano, y Juan Antonio lo ha señalado mas de una vez, solo se enfocan en los productos terminados, sea ficcion o documental, pero han obviado los procesos tecnologicos, sus protagonistas imprescindibles, la naturaleza "work in process" del cine, donde azar y creatividad se dan la mano a todos los niveles.
Creo que esta "untold history" merece, en si misma, un buen documental. Y una vez mas, mi admiracion y respeto a estos gigantes del cine cubano.
un abrazo, desde La Habana
Abelardo Mena
Muy bien LLufro. Así dejaremos tela por donde cortar. Ojalá otros amnigos se decidan también a contar sus , seguramente , maravillosas historias.¡¡¡