CINE CUBANO, la pupila insomne http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com Un Blog sobre el cine cubano, su crítica y su público Thu, 24 Jul 2008 14:04:44 +0100 CINE CUBANO, la pupila insomne http://nireblog.com/imagenes/logo.png http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com http://nireblog.com NÁUFRAGOS DEL CINE http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/20/naufragos-del-cine http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/20/naufragos-del-cine Algún día me gustaría hacer mía la sinceridad de Robert Benchley, y admitir: “Tardé quince años en descubrir que no tenía talento para escribir, pero no pude dejarlo porque para entonces era demasiado famoso”.

Mas no tiene sentido auto engañarse. El cine cubano apenas se nota dentro de ese universo de cosas que a diario vapulea a los seres humanos en el planeta. Este cine solo importa con seriedad académica a ciertas minorías intelectuales. Y es divertimento (muchas veces olvidable) para otros que todavía lo asocian al teatro filmado; a la literatura fotografiada. Nada de eso lo hace mejor o peor. Lo que quiero sugerir es que para un grupo de personas será importante (para mí lo es). Solo que nunca será “famoso”.

Alguien me pregunta si tiene sentido mantener un blog sobre un fenómeno (el cine cubano) que interesa a tan poca gente (“es como perder el tiempo”, añade). Para mí sí tiene sentido. Un blog no es un “Tratado de Historia”, ni una tribuna para convencer a las masas. Así que puedo darme el lujo de hablar con esos tirios y troyanos que a diario se descuartizan dentro de mí. Un viejo dicho reza que “cuando dos elefantes luchan, la hierba es la que sufre”. La Historia que hasta ahora conocemos es la historia de los elefantes. Mi blog quiere hablar desde la hierba, que es el modo más común de experimentar la vida, aunque no la más cómoda.

En casos así, el número de lectores interesa poco. Entiendo que esto que se comenta en este blog no es lo que va a resolver los problemas de los cubanos (de hecho, los cubanos son los que menos lo leen). El cine es algo secundario. En cualquier época y país, lo primero que ha de buscarse es la comida. Y luego el techo. Y después, para relajar, se recomienda mirar el fútbol, los videos de Jennifer López, las aventuras de Batman o Harry Potter. Quisiera tener talento para escribir sobre esos temas. O sobre otros más “edificantes” que en esta época han fomentado toda una cultura de la “autoayuda”. Lo he intentado, pero paradójicamente lo que me sale es una sutil invitación al suicidio.

Menos mal que existe la blogosfera. Aquí uno puede publicar todo tipo de bloguería, y nadie se azora por eso. Una bloguería es algo así como ese mensaje que los náufragos arrojan al mar dentro de una botella, sin saber quién lo va a encontrar en un futuro. Uno de estos días voy a enviarles una bloguería a los nietos de mis biznietos, para ver si les llega al Camagüey que les tocará vivir. En esa fecha, supongo que la palabra “cine” sonará tan exótica como hoy resulta para nosotros el “electro-taquiscopio” de Anschütz. Por eso me gustaría explicarles un poco qué ha significado, al menos para mí, ver películas en esta ciudad mientras existió el cine.

No sé si mi mensaje llegará. Tampoco sé adónde iré a parar yo después que todo termine (no basta el manido “¡El cine ha muerto! ¡Viva el cine!”). Lo advertía Benavente: “los náufragos no eligen puerto”. Por lo pronto, este blog es la balsa que me mantiene a flote. Mi isla particular. Voy a rezar para que los ciclones demoren un poco con su persistente manía de joderlo todo.

Juan Antonio García Borrero

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Sun, 20 Jul 2008 14:53:35 +0100
LO “OBSCENO” EN EL CINE CUBANO. http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/19/lo-%e2%80%9cobsceno%e2%80%9d-en-el-cine-cubano http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/19/lo-%e2%80%9cobsceno%e2%80%9d-en-el-cine-cubano Abelardo MENA, uno de los lectores habituales de este blog, me hace llegar el siguiente comentario:

“Recuerdo que vi “Habana Blues” por primera vez en España, y a mi lado -al finalizar la proyección- más de uno se enjugaba las lágrimas, y hasta me hubieran dado una palmada afectuosa en la espalda de saber que yo era "un cubano". A decir verdad, no comprendo la relación entre HB y lo marginal. Si coger un bote rumbo a EEUU o pronunciar 400 "tacos" por minuto es propio de marginales, entonces nuestro sistema de Educación debe rendirse ante la evidencia simple de que marginales, somos casi todos: loas entonces al sistema de educación de la marginalidad.

Recuerdo me molestó de HB su visión histérica, balbuceante, gritona de los cubanos, como si tomar la decisión de irse no fuera sobre todo, asunto de la cabeza (salario es igual a nada) y no solo del corazón. Esa imagen instintiva, emotiva de nosotros, puede ser muy folklórica para los espectadores "extranjeros", sumando miraditas de mulatos y la sensual desnudez de los cuerpos, pero hubiese preferido nos retrataran como seres auto conscientes, sin ser kantianos, pero capaces de analizar el entorno y buscar entonces las soluciones evidentes. Creo HB se suma a una aún por analizar “imagen cubana", hecha por realizadores extranjeros, desde los newsreel de la batalla naval de Santiago de Cuba en 1898”.

Abelardo Mena tiene razón. Ese post no debió titularse “Marginales en el cine cubano”, porque en realidad lo que me interesaba era llamar la atención sobre el manejo del lenguaje “obsceno” en la producción audiovisual de la isla. Alguna relación hay entre lo “marginal” y “el lenguaje obsceno”, pero es evidente que esa relación no es milimétrica. Ni en buena ley, dice nada. En lo personal, he conocido “marginales” que tienen todo un código de caballerosidad a la hora de cumplir acuerdos y compromisos, mientras que me he tropezado con honorables señores de cuello y corbata que podrían impartir doctorados a los descendientes de Don Corleone. Lo “marginal”, en los casos que menciono, tendría que ver con la pésima calidad de vida que ostentan esas personas (podrían ser los habitantes de “El Fanguito” o “Buscándote Habana”), o con un nivel de instrucción que les impide insertarse en ciertas convenciones sociales de razonamientos.

Mis inquietudes de entonces más bien podrían resumirse en estas preguntas: ¿cómo ha representado el cine cubano este asunto del lenguaje “obsceno”?, ¿cómo ha resuelto ese posible conflicto que implica representar con fidelidad a los marginales sin herir la susceptibilidad de un auditorio que se ve a si mismo como culto, y repudia ese contexto por inferior y vulgar?, ¿existe en nuestro cine algún equivalente a lo que ha logrado Pedro Juan Gutiérrez en su narrativa? No lo creo.

En mi criterio, no es la abundancia de “malas palabras” lo que determina el mal gusto de una película o una novela, sino la poca justificación o gratuidad de su uso. Ya se sabe que las palabras por sí solas no son ni buenas ni malas, sino que dependen del contexto para alcanzar una determinada connotación. Nuestro sabio Fernando Ortiz fustigó esa suerte de cursilería lingüística a través de la cual algunas personas intentan representar ante los demás un decoro que es simulado. Según Ortiz,

“Cuba tiene el lenguaje sucio de su “mala vida”, como todos los pueblos. Ignorarlo no es obra de civismo, sino sencillamente una ignorancia, y esa sí es una claudicación pueril de elementales deberes públicos, propia para mover la piadosa sonrisa de aquellos, todo el mundo culto, que sólo en la verdad ven la única base de la civilización humana y del progreso de los pueblos. No seamos como los avestruces que esconden la cabeza, creyéndose así en salvo, mientras dejan en descubierto el resto de su cuerpo, y arrojan piedras hacia atrás. Es también ignorancia suponer que cuando un pueblo no pronuncia sus vocablos como ordena el diccionario de la Academia, merece la burla y el escarnio de los cultos” (1)

No estoy proponiendo pasar al otro extremo (es decir, que todo nuestro cine sea “malas palabras” y reclamaciones solariegas). Solo digo que a través del lenguaje “obsceno” (como el que se utiliza en “Habana Blues”) también es posible obtener una idea de lo que es la realidad cubana. Lo que me importa es el equilibrio. La autenticidad de los personajes.

Los detractores dirán que detrás de un lenguaje sicalíptico todo lo que hay es una falta de instrucción. O una instrucción deficiente. Mentiras: con el lenguaje obsceno también se puede paliar la desesperación, la rabia de no tener lo que se merece, la soledad, la falta de fe en los demás, y sobre todo, en uno mismo. Y es la realidad que nos aplasta (esa “mala vida” a la que aludiera Ortiz), la que se vuelva obscena.

Juan Antonio García Borrero

Nota:
1) Fernando Ortiz. Nuevo Catauro de cubanismos. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, página 153.

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Sat, 19 Jul 2008 14:19:15 +0100
SALA VIDEO “NUEVO MUNDO” http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/18/sala-video-%e2%80%9cnuevo-mundo%e2%80%9d http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/18/sala-video-%e2%80%9cnuevo-mundo%e2%80%9d Hoy recuerda el delirante decorado de algún filme de Juan Orol, con esos carteles amarillentos en la fachada que invitan a pasar de largo. De techo: un viejo cascarón colonial. La pared: ropa reciclada de la más rancia España. Ahora es la viva estampa de la decadencia, pero en su momento fue el kilómetro cero de una forma nueva de ver películas en Cuba. El nombre escogido no fue un simple nombre. Simbolizaba el advenimiento de una sensibilidad inédita ante el audiovisual: era la época en que comenzaban a popularizarse en el país las videocasseteras, y el imperio de la pantalla grande empezaba a declinar.

Dicen que al entonces presidente de la Asamblea Provincial del Gobierno en Camagüey le donaron una casetera, y este propuso a la todavía Empresa de Exhibición de Películas la creación de un espacio colectivo para su explotación. Así surgió la sala de video “Nuevo Mundo”, la primera creada en Cuba. El dato histórico puede ser importante, sobre todo para una ciudad que acaba de ser reconocida como parte del Patrimonio Histórico Mundial: habla de las diversas iniciativas culturales que en el contexto cinematográfico se han vivido en el territorio, y que aunque apenas han dejado huellas físicas, también ha contribuido a colocar el ego de Camagüey en el más exigente mapa cultural de la nación.

A pesar de su pequeñísima capacidad (apenas cuarenta y una lunetas), “Nuevo Mundo” siempre tuvo a su favor su céntrica ubicación. Es incontable el número de personas que ha pasado por allí desde su creación el 30 de octubre del año 1986. En todo este tiempo (y sobre todo en el llamado “período especial”), ninguna otra institución camagüeyana logró mantener una afluencia de público tan sistemática. Por otro lado, las sesiones del cine club “Francois Truffaut” (que todavía existe) todos los domingos, consiguió conformar una verdadera tribu de cinéfilos.

Desde hace seis o siete años hay por allí rodando una idea de convertir a “Nuevo Mundo” en un Complejo cultural. Un sitio donde sea posible apreciar cine en todos los soportes: 35 mm, 16 mm, video, DVD. Además de ver películas, la gente tendría una sala de referencia con bibliografía actualizada. Habría paredes para exponer cuadros y fotografías. Se darían charlas todas las semanas. Se podría tomar café o té mientras alguien comenta la película de Kiarostami que se acaba de ver. Público no debe faltar, porque en la ciudad se estudia la carrera de Medios Audiovisuales. Y marzo por marzo se celebraban los Talleres de la Crítica Cinematográfica.

La idea es tan buena que no se explica que en Camagüey nadie se haya entusiasmado con ella. En cambio, en Madrid un conocido me comentó con mucho arrebato que ese tipo de proyecto cultural era de los que apenas cuesta en el aspecto económico (comparado con las inversiones de los grandes cines, desde luego), y que sin embargo, la gente agradece de una manera más perdurable. Supe enseguida de qué me hablaba. En Madrid abundan los (multi)cines, pero si no vas a las salas “Princesa” o “Renoir”, estás condenado a ver lo de siempre: mucho filme norteamericano.

Tanto entusiasmo ajeno me mató. Le agradecí su apoyo moral, pero algún gesto de disgusto no pude evitar, porque de inmediato cambió de tema. Debe ser que vino a mi mente “el descubrimiento del Nuevo Mundo por los españoles”. Nada más nos faltaría que pasado mañana llegara a Camagüey otro peninsular avispado, y descubriera que este otro “Nuevo Mundo” sigue siendo un proyecto atractivo. Tiempos crueles de globalización: en casa del herrero, cuchillo made in Hong Kong…

Juan Antonio García Borrero

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Fri, 18 Jul 2008 11:19:47 +0100
MÁS SOBRE EL ESPECTADOR http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/17/mas-sobre-el-espectador http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/17/mas-sobre-el-espectador Querido J. A.:

Vale por la multiplicidad del espectador. Y por ver el cine en compañia. En fin de cuentas, ese fue el gran invento de los Lumiere, ya las imágenes en movimiento (a la manera de un "peep-show") las había inventado Edison, anglosajón él.

Toma nota que tus recuerdos de las tandas cinematográficas de los cinéfilos camagüeyanos (muy parecidos a los de Fernando Fernán Gómez, por poner un ejemplo) siempre comportan el concepto de "grupo", de cine compartido.

La soledad acompañada del espectador es muy importante. Durante años, teníamos una sala muy selecta en el ICAIC para ver estrenos: sólo críticos y "especialistas" (cualquier cosa que esto signifique). Pero para "ver" la película, casi todos íbamos al Yara u otro cine, dizque para llevar la esposa, pero realmente para disfrutar auténticamente de la película.

El video, la TV y otros artilugios son la revancha de Edison. Pero aún así, hace falta una compañia, la mínima compañia de tu esposa o tus hijos, para realmente compartir, disfrutar del filme. No lo digo yo, lo dice Groucho.

De "Havana blues", ese gran esfuerzo de mercado de Zambrano, hablaremos en otro momento.

Un abrazo.

Nota: El autor de este comentario prefiere el anonimato, algo que respetamos.

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Thu, 17 Jul 2008 15:24:20 +0100
ALGO MÁS SOBRE LA RECEPCIÓN… http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/17/algo-mas-sobre-la-recepcion%e2%80%a6 http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/17/algo-mas-sobre-la-recepcion%e2%80%a6 Dos comentarios recibidos a propósito del post sobre “Marginales en el cine cubano” me animan a pensar un poco más este asunto de nuestra condición de espectadores. Desde Tulane (Nueva Orleáns), la estudiosa Ana López ha colgado esta reflexión que vale la pena reproducir:

“Querido Juan Antonio:

Tu comentario acerca de la recepción de “Habana Blues” por los no cubanos (y la experiencia de asistir a una película como “otro”) me recuerda al famoso artículo de Stuart Hall “Encoding/Decoding” en el cual teoriza sobre las varias maneras de leer textos y postula tres vertientes principales: la dominante-hegemónica, la negociada, y la oposicional. Y también me recuerda algo que traté de articular hace algunos años acerca de la recepción de “I Love Lucy” por los latinos en USA (especialmente en los años 50 y 60, cuando Desi era el único cubano en la televisión). Cuando los gringos oían a Desi Arnaz hablando español era un chiste incomprensible, pero para los latinos era una comunicación directa e íntima. Como siempre, tus “posts” me hacen pensar.

Saludos,

Ana

Casi al mismo tiempo, desde España, el madrileño Paco Jiménez (que trabaja entre alemanes, de allí quizás su ¿distancia? de Nietzsche) me hace llegar este otro:

“Querido J.A.:

No sé por donde empezar acerca de tu comentario sobre ese film (Nota: se refiere a “Habana Blues”). Si no mal recuerdo, por la península pasó sin pena ni gloria. Si estuviste viéndola con españoles, mal hecho. Uno tiene que ver una película solo, por muy rodeado de gente que esté, y ya no digo gente de otras nacionalidades. No se puede enjuiciar... Un guión, 5 directores, igual a 5 películas diferentes. Por lo que ya no te hablo del espectador (es un mundo de prejuicios, yo incluido). De Nietzsche, no te hablo. Y para terminar: "A quién a buena oreja se arrima, buena sombra le cobija". No he dicho ningún taco.... ¡hostias!

Saludos,

Paco”.

En principio, no creo que “Habana Blues” haya pasado tan sin pena ni gloria en España, pues creo que obtuvo algunas nominaciones al premio Goya. Y hoy en día son las Academias (sea la que concede el Oscar, o su opuesto) las que administran las penas y las glorias de los humanos. Las memorias y los olvidos. Las soledades y las compañías. Todos los premios no son más que artificios de los distintos poderes que buscan legitimar (naturalizar) la existencia de esos productos culturales que no le contradicen en su esencia. Ningún premio es objetivo. Al contrario: tienen el nada velado propósito de inspirar la imitación de aquellos modelos que se reconocen como “correctos”.

Lo ideal sería ver una película solo, pero esa es otra utopía de camino. El problema es que el espectador no es un monolito. Se puede estar físicamente solo en un lugar, y sentirnos invadido interiormente por miles de intrusos. Algunos estudiosos dicen que tenemos más de diez o doce maneras de comportarnos en el día. Todo depende del lugar, del horario, de la persona que está frente a nosotros. Son los llamados “roles” del día.

Asumimos “roles” porque esa es la única forma de sobrevivir en sociedad. Una cosa es el comportamiento acabado de levantar. Otra dando los “buenos días” en el trabajo. Otra defendiendo alguna idea frente a alguien que no se entera. Y otra quedando para una cita por la noche. ¿Cuál de esos personajes es el que ve finalmente la película? Yo creo que todos, lo cual al final, nos arruina otra vez la anhelada soledad.

Juan Antonio García Borrero

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Thu, 17 Jul 2008 13:36:26 +0100
PRESENTARÁN LA REVISTA “CINE CUBANO” Nro. 168 http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/17/presentaran-la-revista-%e2%80%9ccine-cubano%e2%80%9d-nro-168 http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/17/presentaran-la-revista-%e2%80%9ccine-cubano%e2%80%9d-nro-168 El próximo martes 22 de julio, a las 11 a. m., se presentará en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC (calle 23 e/ 10 y 12, Vedado), la Revista “Cine Cubano” Nro 168. He aquí el índice de su contenido.

ÍNDICE:

DOSSIER: Juan Padrón (Premio Nacional de Cine 2008)
Juan Padrón, creador de símbolos / Reynaldo González

Palabras de agradecimiento / Juan Padrón

Balada de Elpidio Valdés / Silvio Rodríguez

Homenaje a Juan Padrón / Israel Rojas

DE CIERTA MANERA
El Nuevo Cine durante los años sesenta. ¿Paradigma para el cine pobre? / Humberto Solás

La crítica y la espera. Chalbaud y Gutiérrez Alea, dos visiones de la revolución en el cine latinoamericano / Rufo Caballero

En busca de la epifanía perdida / José Alberto Lezcano

HASTA CIERTO PUNTO
Lezama, el viaje a la novela / Alberto Ramos

Otra Suite para La Habana / Frank Padrón

Emigrar o no emigrar: ¿esa es la pregunta? / Pedro R. Noa

¿Dónde está la nueva crítica? / Rolando Mesa, Yelsy Hernández, Rubens Riol, Edisabel Marrero, Armando Gómez

MEMORIA
Los cine clubes en Cuba / María Eulalia Douglas

Presencia cinematográfica de Rita Montaner / Ignacio Omar Granados

La última vez de Octavio Cortázar o el eterno debate entre ficción y realidad / Jorge Garrido

USTEDES TIENEN LA PALABRA
Nelson Rodríguez: entre la intuición y el reto de editar cine / Cecilia Crespo

Un set de filmación es poesía. Entrevista al productor Rafael Rey / Carlos E. León

La realidad que «es» y no la que quisiéramos. / Alex Fleites

DOLLY BACK

Avatares de un guión cinematográfico o el largo viaje hacia la pantalla / Xenia Rivery

POR PRIMERA VEZ
Los espacios de lo fílmico, implicaciones y conjeturas / Mayra Pastrana

VARIACIONES

Viña del mar 67, entre la ira y los sueños / Alberto Ramos

NOTICIERO ICAIC / Joel del Río

CON LUZ PROPIA
Octavio Cortázar

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Thu, 17 Jul 2008 12:10:56 +0100
CINE “AMÉRICA” http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/16/cine-%e2%80%9camerica%e2%80%9d http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/16/cine-%e2%80%9camerica%e2%80%9d Hablar del cine “América” me hace sentir un anciano con apenas cuarenta y tres años. Ese fue el cine de mi infancia. Y la infancia es algo que en el fondo uno describe como si concerniera a otra persona. O como si uno hubiera reencarnado, y de pronto se acordara que en la anterior vida nuestros padres nos llevaban a ciertos sitios donde todo era armonía.

Es difícil hablar del cine “América” por aquello que advertía con rudeza el viejo Marx: “Un hombre no puede volver a ser niño sin ser pueril”. También me viene a la cabeza unos formidables versos de Fina García Marruz, que pueden explicar mucho mejor que yo, el sopor que se experimenta cuando uno evoca episodios de la infancia: “Hay cosas que uno no vuelve a oír, que pertenecen sólo a las orejas del niño y a la sensación de su edad y de su tamaño”.

En mi caso, el “América” es una de esas cosas. Decir cine “América” es percibir toda la muchachada del barrio que cada domingo se aglomeraba para ver las matinés infantiles. Las colas a veces llegaban a la iglesia de Santa Ana. Eran los años en que los “muñequitos rusos” terminaron por usurpar las simpatías del Pato Donald. El cine “América” proyectó tantos dibujos animados y películas soviéticas, que en algún momento su nombre correcto debió ser cine “Moscú”.

No sé si el programador de entonces tenía preferencia por los filmes de esa nacionalidad. Sospecho que era lo único que tenía a mano. Pero lo cierto es que aquellas películas marcaron a buena parte de mi generación, aún cuando el grueso de ellas fuera intrascendente. En lo personal, todavía evoco tres filmes: “Tigres en altamar”, la saga de “Los vengadores incapturables”, y “El hombre anfibio”. Esta última la vi tantas veces que un día decidí no acordarme nunca más de qué trataba.

El último buen recuerdo que tengo del “América” no está relacionado con las películas, sino con la pintura. Resulta que en los noventa, antes de que dejase de ser cine, la artista plástica Ileana Sánchez se insertó en el sitio con un proyecto que involucraba a los niños. Fue hermoso descubrir que la inocencia no tiene edad: volví a ser cómplice de la siempre engañosa candidez. El sueño duró poco, confirmando la profecía marxista sobre la puerilidad. Cuando desperté, ya era el anciano que comenté al principio. Tan anciano como ese cine “América” que un día hizo a un lado la vana esperanza de que reviviera Colón.

Juan Antonio García Borrero

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Wed, 16 Jul 2008 13:55:21 +0100
MARGINALES EN EL CINE CUBANO http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/15/marginales-en-el-cine-cubano http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/15/marginales-en-el-cine-cubano El mensaje de mi amiga sobre lo cursi me dejó pensando. Algo no queda muy claro en mí todavía. Y es que me gusta “El lobo estepario” no porque los críticos aseguren que sea exquisito, sino porque me engancha esa poderosa descripción de nuestras oscuras maneras de (in)comunicarnos. Me gusta Borges no por su invicta sintaxis, sino porque en lo que ha escrito percibo la humana sorpresa de quien que ha sabido reconocer el fracaso como algo distintivo del ser humano más común. Me gusta Nietzsche no porque sea un gran filósofo, sino porque supo poner en su lugar la adicción a lamentarse, esa retórica de la queja que impide que el individuo tome conciencia de sus posibilidades de incorporarse, no obstante la golpiza cotidiana.

Disfruto con cada uno de estos maestros, pero nada de esto impide que “El rey de La Habana”, la novela “sucia” de Pedro Juan Gutiérrez, me parezca genial. Pedro Juan Gutiérrez tiene todo lo que un autor debería ostentar: imaginación para crear un mundo propio, irreverencia para no dejarse avasallar por las influencias o los preceptos morales, y ganas de decir cosas donde uno pueda reconocer sus propias miserias y reírse de ellas.

Hay muchos a los que les choca este modo de representar la realidad. Probablemente sepan que la realidad es peor de lo que describe este autor, pero prefieren que le cuenten solo la parte “poética” de nuestras vidas. La parte fotogénica. Con la coartada de la excelencia cultural, repugnan todo lo que huela a terminología vulgar. Pero, ¿no es por allí que empieza el peligro de lo cursi, que no es otra cosa que falsearnos el mundo de los sentimientos, de las emociones, de la existencia misma?

Estoy tratando de recordar las veces que ha figurado en el cine cubano un “marginal”. No son muchas, porque a nuestro cine por lo general le ha interesado la vida de quienes han “triunfado”, o por lo menos, de quienes ocupan lugares privilegiados o intermedios en el contexto social. Por eso películas como las de Sara Gómez (“Una isla para Miguel”; “De cierta manera”), documentales como “Un pedazo de mí” o “El Fanguito”, ambos de Jorge Luis Sánchez, o adaptaciones de obras teatrales de Eugenio Hernández (“La inútil muerte de mi socio Manolo”; “María Antonia”), siguen siendo cosas muy raras, pero muy raras, dentro de la filmografía insular.

Ahora recuerdo el sonado éxito de “Habana Blues”, el filme del español Benito Zambrano. Es una película que me gusta muchísimo, pero a pesar de las abundantes palabras soeces, no pienso que sea esta una historia de “marginales”. En “Habana Blues” puede reconocerse la historia de millones de cubanos que esperan ver cumplido un sueño. Repito: millones. Si eso es ser “marginal”, entonces la periferia es centro, y el centro, patético decorado.

Sin embargo, de lo que quiero hablar es del lenguaje que allí se utiliza. No creo que exista otra película donde se diga una mayor cantidad de palabras cubanas “obscenas” que esta, lo cual la hace “intelevisable” en nuestros medios. ¿Es el lenguaje “obsceno” lo que determina la condición “marginal” de un ser humano o de un producto cultural? Desde luego que no. El lenguaje será siempre algo secundario, algo que solo alcanza a expresar la parte más superficial de nuestra alegría o frustración. Cuando es un lenguaje “obsceno”, por lo general nos avisa de las ganas del autor de no dejarse doblegar por la vida, si bien los más académicos mirarán hacia otro lado. El lenguaje “cursi”, todo lo contrario, lo que disimula es una claudicación.

Tuve la oportunidad de ver por primera vez “Habana Blues” en España, rodeado de españoles que disfrutaban de la historia, pero sin enterarse jamás de la connotación que podía tener para nosotros esas “malas palabras” que una y otra vez repiten con rabia los personajes principales. Yo los veía menearse al ritmo de Kelvis Ochoa en la azotea. Y emocionarse con varias escenas. Y aplaudir con ese final que a otros hace llorar. Pero definitivamente ellos vieron otra película que no es la que vimos los cubanos.

No hay que culpar a nadie. ¿Cuántas palabras no significan para los cubanos nada, y sin embargo, para los españoles es algo que no se puede mencionar? Pongamos un ejemplo casi inocente: la palabra “coño”. Todos los cubanos, sin importar la instrucción, el rango social, la ideología, o el respeto a Dios, alguna que otra vez ha proferido un “coño”. Entre nosotros “coño” es casi siempre una expresión inocente, una forma pueril de mostrar admiración por algo. Creo que los españoles, sin embargo, tienen una idea más lúbrica del asunto, a juzgar por esta envidiable frase de Gómez de Parada para su novela “La Universidad me mata”: “A coño regalado, no le mires los pelos”.

Juan Antonio García Borrero

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Tue, 15 Jul 2008 12:17:03 +0100
ANA LÓPEZ SOBRE “LOS OTROS” http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/15/ana-lopez-sobre-%e2%80%9clos-otros%e2%80%9d http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/15/ana-lopez-sobre-%e2%80%9clos-otros%e2%80%9d Querido Juan Antonio,

Hace algunos años (muchos después de la publicación del artículo “Cuban Exile Cinema”), curiosa por saber la suerte de los "otros" que firmaron la famosa declaración de cineastas, le dediqué una tarde a rastrear información.

Te puse un comentario en el blog sobre Ibere Cavalcanti, que está vivito y coleando en Río de Janeiro. Le acabo de hacer un update a mi ficha sobre él con varios links recientes, y te la adjunto. Voy a ver si lo encuentro cuando vaya a Brasil el año que viene, a ver si lo entrevisto y le pregunto sobre su estancia cubana.

Mario Trejo debe haber sido uno de los "simpatizantes" que pasaban por Cuba en aquellos años, cuando trabajó en el guión de “Desarraigo” con Fausto Canel. Seguro que Fausto se acuerda de más detalles. Ya era un escritor, dramaturgo y poeta conocido en Argentina. Parece que vive todavía, en Bs.As.

Amaro Gómez fue despedido del ICAIC (donde era solo productor, ¿no?) por desviaciones ideológicas, igual que Molina. Pasó a trabajar como camarero y albañil. En algún momento le registraron la casa y le encontraron varios de sus propios escritos y una copia del “Archipiélago de GULAG” y lo condenaron a 8 años de cárcel, donde sufrió los peores tratamientos, inclusive reclusión en Mazorra y frecuentes "tratamientos" de electroshock. Esto último fue publicado en Francia en los 90, lo que me lleva a suponer que salió de Cuba también, posiblemente por El Mariel. Ahora bien, puede existir una confusión entre Amaro Gómez del ICAIC y Amaro Gómez Boix, que parece era periodista.... A lo mejor fue las dos cosas.

Pedro Jorge Ortega: siempre pensé que era el mismo dramaturgo que siguió activo en Cuba hasta los noventa, y que dirigió la puesta en escena de "Los Mangos de Cain"(¿?). No tengo ninguna otra pista

Fermín Borges: dramaturgo, llegó a dirigir el Departamento de Artes Dramáticas del Teatro Nacional. Ya era bastante famoso antes de la Revolución; hizo parte del ala teatral de Nuestro Tiempo. Tiene una ficha en Cubaliteraria: http://www.cubaliteraria.com/autor/ficha.php?q=Fermin+Borges&Id=918 Lo que la ficha no cuenta es que alrededor del 1966 tuvo problemas por su abierta homosexualidad y lo excluyeron del campo creativo. No sé si acabó cayendo en la UMAP. Salió por el Mariel. Sufrió bastante en Miami; no se acostumbraba, estaba amargado. Muere en el 1987.

De los otros no he encontrado ni la menor pista.

Abrazos,

Ana

Nota: Ana López nació en La Habana, y es profesora de cine y estudios latinoamericanos en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans), donde también dirige el Centro de Estudios Cubanos y Caribeños. Fue la primera investigadora en aproximarse al cine realizado por cubanos más allá de Cuba, a través del ensayo “La “otra” isla: cine cubano en el exilio”.

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Tue, 15 Jul 2008 12:07:16 +0100
COMENTARIOS http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/14/comentarios http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/14/comentarios Hoy, gracias a la investigadora Ana López, he sabido que en este blog se siguen dejando comentarios. No lo sabía, y ruego que acepten mis excusas aquellos que han escrito, y ni por enterado me di. La verdad es que cerré el blog en su momento, bastante decepcionado con la nula voluntad que existe en Cuba de pensar y discutir el cine cubano. Fue un crimen de lesa ingenuidad creer que CINE CUBANO, LA PUPILA INSOMNE podía contribuir al debate. La mayoría de los comentarios o réplicas me llegaban por via privada. Pocos se exponían. No tenía sentido mantener un sitio así.

Las razones para retomarlo me las reservo. Es una cuestión estrictamente personal. Los policías mediáticos, que son peores que los de carne y hueso, sienten algún desconcierto. Esa INTERPOL extraterritorial no conoce fronteras. Ni uniformes. Sé que soy privilegiado. Lo he sido desde el mismo momento en que he podido viajar fuera de Cuba más de veinte veces. Mi única excusa es que no he sobornado a nadie. No critico al que vive en una mansión en Nueva York. Solo espero que no le moleste la existencia de mi muy modesta cueva.

Lo único que no me interesa que me confisquen es la iniciativa. Si mañana decidiera aislarme de veras, y no tener nada que ver con nada, sé que podría seguir con mi blog. Hoy tener un blog no es difícil, y el acceso a INTENET en Cuba (es cierto que de manera ilegal) es factible. Ningún Estado podrá controlar que los individuos tengan sus propios sitios. Y expongan sus ideas como entiendan. Desde luego, sé que LA PUPILA INSOMNE la consultan mucho más en España, Estados Unidos o Francia, que en Cuba. Y eso es una aberración.

En algunas de las cosas que escribo el desencanto es explícito. Lo sé. Sobre todo cuando hablo del cine en Camagüey. Mi blog es una manera de salvar en mi memoria eso que no va a volver porque no es una cuestión "importante". Los que pueden decidir la mejoría de nuestros cines, o la construcción del complejo "Nuevo Mundo" están enfrascados en otros asuntos más importantes. No tendrán tiempo de leer nada de lo que aquí publico. Que tampoco es lo que va a mejorarle la vida a la gente. Eso me queda claro.

El día que me "encarguen" escribir para el blog, lo mismo aquí que allá, paro. Aquí cabe todo, pero "hasta cierto punto". No escondo mi subjetividad. Es difícil que alguien que viva en el Vedado sepa de mis problemas puntuales en Bembeta 723. Mucho menos lo sabrá el que vive en Madrid o Miami. Dicho de otro modo: a este blog entran mis amigos. Y si vienen con una buena crítica, mejor. Para otras cosas están los periódicos y la televisión.

Por último, he publicado todos los comentarios, excepto dos. No me interesa el autobombo. Si se revisa el archivo verán que aquí hay todo tipo de polémica. Casi siempre he aprendido con las razones de los otros. Detesto esa posición victimista en la cual la persona siempre achaca el origen de sus males a los demás, y finge retirarse indignado cuando sus argumentos no alcanzan a competir con los del adversario. Pero una cosa es polemizar, y otra, legitimar los insultos de alguien que además de no vivir en Cuba (lo cual no invalida de por sí los argumentos), se cree Dios tan solo porque no piensa igual que uno. Que hace de su infelicidad la medida de las cosas. Y encima de eso, nunca ha oído hablar del cine cubano.

Para esos casos, cobra sentido el razonamiento de Russell Lynes: "La única forma cortés de aceptar un insulto es ignorarlo; si no puedes ignorarlo, pasarlo por alto; si no puedes pasarlo por alto, reírte de él; si no puedes reírte de él, probablemente es que lo mereces". Quizás algunos, ahora mismo, compartan mi risa.

Juan Antonio García Borrero

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Mon, 14 Jul 2008 14:24:35 +0100
RAÚL MOLINA II http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/13/raul-molina-ii http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/13/raul-molina-ii El post anterior que colgué a propósito del documentalista camagüeyano Raúl Molina, provocó que me llegaran varios mensajes precisando algunos detalles, o ampliando la información. Uno de los mensajes que más agradezco es el del artista plástico Gabriel Gutiérrez, quien conoció muy bien a Raúl Molina, y que además, ha tenido la gentileza de cederme fotos y recortes de prensa. Su mensaje dice así:

“Estimado amigo:

Gracias por sacar a la luz el trabajo de Raúl. Te diré que además hay algún documental que se llamó “Minas de Matahambre” que creo que el dirigió o trabajó también como asistente de dirección. Así fue también con “Tulipa”, la de Octavio Gómez, donde fue asistente de dirección.

Aquí en Camaguey, comenzó a trabajar con Pablito Martínez, el fotógrafo, en el documental “Los Fieles Difuntos”, filmada en el cementerio sobre esa celebración y donde filmaron por más de 15 días. También creo conveniente decirte que él estuvo trabajando en la TV cubana como comentarista de un espacio de cine como “24 x Segundo” (lo que no sé es si tenía el mismo nombre el programa en cuestión), pero sí recuerdo que él hacía los comentarios sobre filmes todas las semanas por el canal (ahora Cubavisión, y en una hora estelar.

También puedo asegurarte que cuando pidió la baja del ICAIC, fue a trabajar al CAN (Combinado Avícola Nacional) a limpiar mierda de pollos en unas naves fuera de la Ciudad de La Habana, a donde tenía que trasladarse en camiones diariamente. De allí después lo trasladaron para una estación de gasolina a despachar combustible a los camiones del mismo organismo. Esto que te digo no es invento, es totalmente cierto.

Aquí en su casa conocí personalmente a Pablito Milanés, que como te dije venía con Manuel Octavio Gómez de filmar “La Primera Carga al Machete”, también vino antes con Rogelio París, luego con Virgilio Piñera y Pablo Armando Fernández, después con Antón Arrufat, con Sergio Giral cuando aún no era director de cine, y con Pedro García Espinosa, el escenógrafo. En fin, por la casa pasaban muchísimos de los que después serian figuras cimeras de las letras y el cine cubano, porque de Octavio Gómez e Idalia Anreus, su mujer, solo te diré que prácticamente vivían en nuestra casa, y juntos hicimos el guión de “Un Hombre, una Mujer y una Ciudad”, que luego se filmara en Nuevitas, pero que inicialmente, él pensó hacerla en nuestra ciudad.

Raúl estudiaba Ciencias Comerciales en la Universidad de La Habana, y ya trabajaba en una oficina de Publicidad cuando participó en un concurso de crítica sobre la película española “Calle Mayor”, y casualmente ganó el premio que consistía en un viaje a Madrid para estudiar un curso de cine. Luego viajó a París donde coincidió con Agustín Cárdenas y Pancho Antigua, ambos escultores, el primero de fama internacional. Fue amigo también de Lam y de Jorge Camacho, otro pintor cubano importantísimo, y Hector Molne, también de nuestra tierra, así como muchos cineastas cubanos.

Luego viajó a Italia y después del triunfo de la Revolución regresó a Cuba y se incorporó al ICAIC. Te hago este breve recuento, porque como lo hablamos aquel día apresuradamente, quizás no recuerdes algunas cosas que a lo mejor pudieran ser de utilidad para tu investigación al respecto. De nuevo, no tengo palabras para agradecerte todo esto. Igual me dice la familia de él, que te está muy agradecida también.

Un fuerte abrazo,

Gabriel”.

También alguien me ha recordado que la investigadora Ana López, en su fundacional texto “Cuban Cinema in Exile: The "other" island”, publicado originalmente en la revista “Jump Cut” (y reproducido por primera vez en español en el libro “Cine cubano: nación, diáspora e identidad”), alude a la suerte de Raúl Molina del siguiente modo:

“In any case, although Orlando Jiménez Leal, Sabá Cabrera Infante, and Néstor Almendros (who lost his job in Bohemia after the “P.M”. affair) left in 1962-63, few of those working in ICAIC left Cuba before 1965. The bulk of departures of ICAIC personnel, in fact, occurred in the period 1965-68. Thus, these departures — although perhaps traceable in spirit to the “P.M”. affair — were more closely linked to the series of events that began in 1965 with the formation of the Central Committee of the Communist Party and the internment in forced labor camps (called UMAP: Unidades Militates de Ayuda a la Producción/ Military Units to Aid Production) of homosexuals and other "undesirables" and "deviants" (in 1965-67). Personally threatening some and morally threatening others, for many exiles this was “lo que le puso la tapa al pomo” (the last straw). (It is interesting to note, in passing, that no active ICAIC creative personnel left the island during the last massive exodus, the Mariel boatlift of 1980. However, among the "marielitos" were various former ICAIC workers, most notably Raúl Molina, a documentary director between 1961-66 who was fired from the ICAC because of "ideological conflicts" and worked in "anonymous" non-skilled jobs — farm laborer, gas station attendant — until his departure” [Nota 14])

Nota 14. See, Jorge Ulla, Lawrence Ott, and Miñuca Villaverde, “Dos Filmes del Mariel: El Exodo Cubano de 1980” (Madrid: Editorial Playor, 1986), p. 158. Molina, who wrote the preface to this publication of the scripts of Ulla's and Villaverde's films, now lives in New York and works in the Latin American Department of Associated Press.

Por su parte, el cineasta Fausto Canel me aclara que “Harold no fue agregado cultural, sino embajador de Cuba en Francia... No, Raúl y Germán no se conocieron, ya que Germán ya estaba en Barcelona en esa época, haciendo publicidad”.

Juan Antonio García Borrero

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Sun, 13 Jul 2008 15:16:27 +0100
RAÚL MOLINA, documentalista. http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/12/raul-molina-documentalista http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/12/raul-molina-documentalista Era camagüeyano, y cuentan que en 1958 viajó a España con una beca concedida para ampliar los estudios de Publicidad que antes había hecho en La Habana. En algún momento pasaría a vivir a Francia, donde tomó lecciones de cine en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC) de París (me pregunto si no habrá coincidido allá en algún momento con Germán Puig, ¿se conocerían?). El triunfo de la Revolución de 1959 lo sorprende en Francia, y dicen que por recomendación de Harold Gramatges (entonces consejero cultural cubano en aquel país), consigue ingresar al ICAIC.

En los sesenta, a Raúl Molina se le puede localizar dentro de la revista “Cine Cubano”, firmando artículos como “A propósito de Hiroshima”, “El joven rebelde”, o encabezando con su nombre esa “Declaración de cineastas cubanos” que en 1963 suscitará una amplia polémica en los medios de la época. Pero su actividad en el período que laboró dentro del ICAIC fue fundamentalmente como documentalista, a través de “La ciudad dormida” (1962), “Sigma 33” (1962), “La danza de los dioses” (1964), “La estructura” (1965), y “La fiesta” (1966).

Quiso irse del país en 1969, pero ello no fue posible hasta 1980, cuando formó parte de los que salieron por El Mariel, ese lugar donde ya había filmado en la década del sesenta, a propósito de “La estructura”. Mientras, en Cuba tendría que trabajar en lo que apareciera, ya alejado de las cámaras y el cine (alguien me menciona un trabajo en un garaje sirviendo combustible; no recuerdo bien).

Fuera de Cuba la vida tampoco resultaría fácil (¿dónde lo es?), pero escribir sobre lo que significó El Mariel en su vida, en el diario “La Prensa” de Nueva York, le reportó un premio otorgado por la “Sociedad Interamericana de Prensa” (SIP). Murió en Miami. Tenía apenas 54 años de edad.

Juan Antonio García Borrero

FILMOGRAFÍA (extraída del “Catálogo de Producciones del ICAIC”):

LA CIUDAD DORMIDA
(1962)/ 21’/ Dirección, guión, fotografía: Raúl Molina/ Productor: Néstor Pino/ Música: Natalio Galán y Aaron Copland/ Edición: Ángel López y Gloria Argüelles/ Sonido: Germinal Hernández y Ricardo Istueta/ Narración: Amaro Gómez y Raúl Molina.

Sinopsis: Transformaciones, con el triunfo revolucionario, del pueblo de Matahambre y sus minas, otrora propiedad yanqui

SIGMA 33
(1962)/ 8’/ Dirección, guión, fotografía: Raúl Molina/ Productor: Néstor Pino/ Música: Roberto Valera/ Edición: Gloria Argüelles/ Sonido: Armando Fernández.

La vida de los pescadores que trabajan en las nuevas embarcaciones Sigma 33.

LA DANZA DE LOS DIOSES
(1964)/ 15’/ Dirección: Raúl Molina/ Productor: Fernando Pi/ Fotografía: Luis García/ Edición: Caíta Villalón/ Sonido: Germinal Hernández.

Sinopsis: Bailes y cantos afrocubanos yorubas, puestos en escena por el Conjunto Folclórico Nacional.

LA ESTRUCTURA
(1965)/ 8’/ Dirección, guión: Raúl Molina/ Productor: José Gutiérrez/ Fotografía: Pablo Martínez/ Edición: Caíta Villalón/ Sonido: Ricardo Istueta.

Documental que toma como pretexto la construcción de la Termoeléctrica de Mariel para propiciar ciertos experimentos visuales.

LA FIESTA
(1966)/ 10’/ Dirección y guión: Raúl Molina/ Productor: Jesús Pascau/ Fotografía: Gustavo Maynulet/ Edición: Roberto Bravo/ Sonido: Raúl García, Eugenio Vesa.

Documental que aborda un plan experimental de salud e higiene, llevado a cabo semanalmente entre los campesinos de todo el país.

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Sat, 12 Jul 2008 14:15:39 +0100
ESTE DÍA http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/11/este-dia http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/11/este-dia En la televisión cubana, todas las noches, hay una breve sección donde se recuerdan las efemérides más “importantes” del día. Siempre ha despertado curiosidad en mí saber cuáles son exactamente los parámetros que se toman en cuenta para determinar la importancia de esos acontecimientos. ¿Quién decide qué es lo que merece figurar en los grandes libros de historia?, ¿sobre qué elementos se establece esa tasación?

Desde luego, esta manía no es exclusiva de los cubanos. Según Wikipedia, por ejemplo, lo más relevante que ocurrió un día como hoy, pero de 1561, es que nació Luis de Góngora y Argote; también un 11 de julio, pero de 1920, fallece Eugenia de Montijo, emperatriz consorte de Francia; y un poco más acá, el 11 de julio de 1987, se alcanza según la ONU, una población mundial de cinco mil millones de personas.

En mi caso, ninguna de esas noticias tiene el más mínimo impacto si lo comparo con un hecho que fue una auténtica revolución copernicana en mi vida: un 11 de julio, pero de 1987, me casé con Mara Elena Rodríguez Consuegra, la que desde entonces ha sido mi compañera, en las buenas, y en las malas (sobre todo en las malas). Ningún diario hablará de eso. Ningún historiador lo contemplará como un hecho “importante”, pero esa es mi mejor prueba de que la Historia con mayúscula es útil solo si aprendemos a tomarla en cuenta como lo que es: como un compendio bastante imperfecto de noticias que casi nunca han tenido ni tendrán que ver con uno.

En el caso de la Historia del cine cubano, esto se hace más evidente aún. Hasta ahora solo nos ha parecido “importante” el aporte de diez, quince, treinta personas. No me atrevería a mencionar un porcentaje exacto, pero a veces me da la impresión de que todavía no llegamos al diez por ciento del conocimiento. Tal vez tengamos que inventar nuestra propia Wikipedia del cine cubano, y que cada cual aporte lo suyo. Solo así salvaremos de los efectos devastadores del olvido lo que ha sido, en cada caso, una vida puntual.

Pondré el ejemplo del propio ICAIC: ¿Qué sabemos hoy de Raúl Molina, Ramón Piqué, Iberé Cavalcanti, Fidelis Sarno, Mario Trejo, Amaro Gómez, Octavio Basilio, Pedro Jorge Ortega, o Fermín Borges, por mencionar unos pocos de aquellos que estaban al principio de todo? Supongo que cada una de estas personas (que no simples nombres) haya tenido su propia versión de lo que fue ese ICAIC primigenio, pero esas versiones jamás llegarán a ser de nuestro conocimiento. Un historiador (ese pequeño dios que administra de manera generosa memorias y olvidos) ha decidido que no son importantes, por lo que estas personas habitan hoy el cuarto oscuro de esa mansión radiante llamada “Historia”.

Juan Antonio García Borrero

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Fri, 11 Jul 2008 12:41:52 +0100
CINE GUERRERO http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/10/cine-guerrero http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/10/cine-guerrero En los años ochenta, en Camagüey, un grupo de amigos que ahora anda disperso por todo el planeta se inició en el culto a las películas. Ese grupo hizo del cine “Guerrero” su Parroquia principal. Pudiera pensarse que digo esto debido a la proximidad de ese cine a la hermosa iglesia “La Merced”. Algo de esa influencia más o menos mística pudo existir: a diferencia de cualquier otra sala cinematográfica de la ciudad, en el “Guerrero” se respiraba entonces un ambiente más bien de recogimiento espiritual.

Estoy hablando de aquella época en que el cine “Guerrero” era sede de la Cinemateca de Cuba. Esta funcionaba dos veces a la semana, y podíamos ver en la pantalla grande filmes como “La fuente de la virgen”, de Bergman, “La dulce vida”, de Fellini, o “Los siete samurais”, de Kurosawa. Teníamos en Luciano Castillo un líder que al principio solía imponernos la obligación de asistir a cada proyección. Con el tiempo, esa obligación se convirtió en un agradable vicio.

El “Guerrero” no fue el primer cine camagüeyano en acoger las proyecciones de la Cinemateca. Donde primero se brindó ese “servicio” fue en “Casablanca” (primer filme exhibido: “Los cuatrocientos golpes”, de Francois Truffaut). Después esas proyecciones pasaron al cine Alkázar (cuentan que para aquellas ocasiones se grababan en la voz de un locutor comentarios introductorios), hasta que finalmente “Guerrero” terminó siendo el espacio definitivo.

Luciano Castillo logró que aquello funcionara con un dinamismo envidiable. Digo Luciano Castillo porque yo era de los que cada semana recortaba el comentario que este hacía en el periódico “Adelante” de las películas que se iban a exhibir. Entonces aún estudiaba en la Vocacional “Máximo Gómez”, y no fueron pocas las veces que me fugué de la beca. Todavía conservo esos recortes, a pesar de que el papel más amarillento no puede estar, y en sentido general despiden un olor a humedad que molesta. Pero releyendo esos comentarios sobre “El puente sobre el río Kwai”, o sobre “Gigante”, o sobre “Rebelde sin causa”, es posible regresar a aquellas fechas en que la Cinemateca camagüeyana conseguía convocar a un público heterogéneo.

Sin embargo, lo que más perdura en mi recuerdo son los ciclos conformados por películas silentes. A mi juicio, eran con estos filmes donde mejor se advertía el espíritu casi religioso que se podía respirar dentro de la sala. Entrábamos al cine, y una vez sentados, comenzábamos a aspirar enormes bocanadas de silencio. El silencio es algo que, definitivamente, los humanos no volverán a conocer. Nos hemos convertidos en depredadores de ese hermoso momento que implica saber escuchar lo que nos dice en un susurro la vida. Ya nada nos protege de esa falsa naturaleza que es el ruido ambiente: ahora todo es vocerío espurio, con el inconveniente de que lo que antes era estridente, pero natural, en la actualidad se amplifica a niveles francamente devastadores gracias a las tecnologías más sofisticadas. Hoy no hay grandes ideas que escuchar, solo ideas menores amplificadas de manera impune.

Creo que aquellos que asistieron durante los años ochenta y mitad de los noventa al cine “Guerrero”, conforman la última generación de camagüeyanos que conoció las virtudes comunicativas del silencio. No hablo del silencio que nos impone una autoridad o un contexto social, y que tanto ha deshumanizado al individuo, convirtiéndolos en meros “autómatas del deber”. Un silencio que tiene que ver más con la (auto)censura que con el aprendizaje. Hablo de esa tremenda experiencia que significa ver “La quimera de oro”, y descubrir en el personaje de Charlot toda nuestra complejidad humana, sin necesidad de una sola palabra.

Pues el cine silente llegó en el momento justo en que ya era insoportable vivir en un mundo inundado de palabras que nunca significaron nada: la vida real convertida en mala literatura, con la palabra “dolor” importando más que el dolor en sí. Pienso que fue mirando una película muda que Andre Gide soltó su famosa frase: “Todo está dicho; lo que como nadie atiende…”.

Juan Antonio García Borrero

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Thu, 10 Jul 2008 16:59:35 +0100
SOBRE LO CURSI Y LO DIVINO http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/09/sobre-lo-cursi-y-lo-divino http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/09/sobre-lo-cursi-y-lo-divino Una amiga camagüeyana que suele asomarse con frecuencia a esta cueva, me ha enviado un mensaje que autoriza a publicar. Si omito el nombre y su lugar de residencia, es porque al final las ideas que ella propone para la reflexión atañen más a nuestra condición cultural (no estoy seguro que este sea el término correcto), que a una existencia puntual. Da lo mismo que se viva en Camagüey, Miami, México, Londres, o Madrid: se trata de una visión ante la vida que merece discutirse una y otra vez, pues aunque trágica (muy trágica), la vida no es una telenovela. El mensaje dice así:

“Hace unos días (quizás hace unos años) vengo pensando en una palabra que, desde que estudiaba en la universidad, ha estado rondando mi curiosidad. Me refiero a la palabra CURSI y a todo lo que encierra, desde el orden social e intelectual.

¿Qué es lo cursi? ¿Quién lo define y sobre la base de qué?, etc, etc, etc. Buscando en Google, encontré que hay una ciudad en Italia que se llama Cursi; también encontré algunas definiciones etimológicas de la palabra que se remontan al árabe, para luego latinizarse. Y encontré un artículo de los años 60 acerca de "lo cursi en la literatura", el cual arrojó luz sobre una idea que ya pensaba cierta, y es que lo cursi va más allá de la configuración artística que se le de a un texto, canción, film, etc, sino que se encuentra imbricado en herencias culturales o sociales y que facilitan una aceptación de ciertos “productos artísticos” por parte de la gente.

En literatura, por ejemplo, se piensa en “la novela rosa” como el epítome de lo cursi. Pero mi curiosidad me lleva a cuestionarme hasta qué punto la cultura cubana del siglo XX (segunda mitad) y todos los partos artísticos desde entonces se han separado de “la gente y su sed cultural” en aras de “elevar el gusto” por el arte y la cultura. ¿Acaso nuestra cultura no tiene un rico componente de lo cursi que puede ser tan válido como el más elevado de los productos intelectuales o artísticos? ¿No habremos intentado matar una savia simple y genuina (pienso en la del campesino, la ama de casa, el hombre que frecuenta los bares) con tal de que todos puedan pensar la vida al estilo del "Lobo Estepario"?

Tu referencia al libro me hizo pensar en esta obra que me remueve la conciencia y que no me es muy bueno leer en momentos en que me cuestiono la dirección del siglo XXI, y me pregunto: ¿acaso el personaje de Hesse no se cuestiona el siglo XX en función de un pasado cultural que añora en comparación de una realidad que él considera (y esta es mi interpretación) como liviana o hasta cursi?

Si yo, parte del siglo XX, pensara como él, pues pensaría en el jazz o el blues como ejemplos de cursilería musical. Me pregunto y te pregunto, ¿cómo se piensa lo cursi en el cine cubano? ¿Es válido? ¿Hasta qué punto calma la sed de la gente, de la gran masa, o solo de los intelectuales? A veces pienso que por querer matar lo cursi, hemos dejado de regalar rosas, o armar serenatas, o sentarnos con una botella de vino a la luz de la luna llena y cantar junto a los lobos, o con los perros, en caso de no tener lobos.

Un saludos afectuoso…”

El mensaje, al menos para mí, es toda una provocación intelectual. Su interrogante (“¿cómo se piensa lo cursi en el cine cubano?”) es una invitación a repasar ya no la filmografía insular, sino en el por qué de esas prevenciones que el cubano más o menos ilustrado le antepone al uso de las emociones (al menos, en público). Cuando Guillén escribe aquello de “A veces tengo ganas de ser cursi, para decir: “La amo a usted con locura”, ¿no está asegurando primero que diría eso solo de modo excepcional?, ¿no hay en el fondo un temor a ser malinterpretado?

Si lo cursi se asocia a lo “melodramático”, entonces el cine cubano revolucionario nació con la clara idea de abolir la cursilería fílmica (lo “imperfecto” pasó a ser virtud: era nuestra forma de hacerle la guerrilla al gran “Arte”). Solo que lo cursi, como bien sugiere mi amiga, no es algo que se practique por decreto, sino que tiene que ver con la cultura que uno hereda. Y la cultura moderna (ya no la cubana, sino la del siglo XX) parece atravesada por el afán de lo efímero. Pretender ir contra eso a veces nos dejó filmes que lograron combinar con soltura lo peor de Tarkovski con lo mejor de Juan Orol.

De hecho, no solo el jazz y el blues fue objeto de las diatribas de “El lobo estepario”. También el cine recibió sus reflexiones críticas, y eso formaba parte de una actitud intelectual que miraba con desconfianza la consolidación de un arte que “descendía” a las masas. Siempre que pienso en esto último me viene a la mente aquel artículo demoledor de Thomas Mann, donde aseguraba que “el cine tiene poco que ver con el arte, por lo que no lo abordaría con criterios derivados del terreno artístico como hacen ciertos espíritus humanistas y conservadores para después, apenados y desdeñosos, apartar sus ojos del ofensivo espectáculo, tachándolo de diversión para el vulgo, excesivamente democrática y de poca clase. En cuanto a mí, lo desprecio, pero me gusta también. No es arte, es vida, es actualidad”.

Lo que convierte al cine (aún en esta etapa en que ya no es líder del ocio colectivo), en algo más parecido al circo que al arte para las “grandes minorías”, es su evidente ausencia de aristocracia espiritual. Y, en mi modesta opinión, cursi es todo aquello donde falta ese tipo de aristocracia. El primer Hollywood impuso un modelo de representación de la realidad donde hay un manejo genial de lo sensiblero. Después, todo casi todo se ha vuelto copia, pero quienes lo combaten no han ofrecido un modelo alternativo que escape de manera convincente de esa cursilería extrema que implica moralizar desde el otro bando.

¿Se puede asociar lo cursi a lo mediocre? No estoy seguro. No tengo un concepto transparente de lo cursi. La verdad es que tampoco me inquieta mucho. Soy demasiado común (o eso creo) como para no saber que algunos de mis gustos jamás serían aprobados por “el lobo estepario”. Todo el mundo es mediocre en alguna zona de la vida. Y hay cierto “arte” que a mí no me conmueve en lo más mínimo. En cambio, algunos filmes de Hollywood (como “El Padrino”, de Coppola), me apasionan casi hasta el fanatismo.

Creo que el pregón militar lanzado contra Hollywood en su momento, perjudicó la idea que hasta hace poco teníamos de lo que tiene que ser el “cine nacional”. Sin percatarnos, nos metimos en vena la convicción de que nuestro cine estaba obligado a ser “profundo”. “Cursi” se transformó en una palabra obscena, cuando en verdad nada hay más cursi que insistir en público de que no lo somos. Esa mentalidad está cambiando. Uno lo nota cuando ve las películas de Juan Carlos Cremata, Arturo Sotto, o Pavel Giroud, por mencionar algunos de los que no le asusta asomarse a los géneros, es decir, a esa zona del cine que en muchas ocasiones ha sido tildada de “cursi”, casi frívola.

Ya en lo personal, admito que nada tengo contra Corín Tellado y sucedáneos. Ella existe sin enterarse de mi existencia, y no es la culpable de mis males, carencias, y suerte. Nos ignoramos mutuamente. Sobrevivo a su influencia. Por otro lado, me encantaría que el cine cubano tuviese su propia “Imitación de la vida”, ese melodrama genial de Douglas Sirk que inspiró en más de una ocasión a Fassbinder. Con ambos cineastas aprendimos que el término “cursi” es engañoso, pues hay una zona del arte donde el asco es poético, y otra zona donde la presunta poesía es un asco.

Si el hombre es por naturaleza un animal lleno de miedos y fantasmas, lo cursi no es otra cosa que el intento de sublimar esas debilidades. No con las herramientas de un arte que, al decir de “El lobo estepario” nos haría consciente de nuestra triste y paradójica condición, sino con la búsqueda de un culpable único (esto es importante en todo melodrama: siempre un solo culpable).

¿Qué tiene que ver lo anterior con esa rosa que algunos temen regalar en público por temor a que lo tilden de cursi? Nada y mucho. Para los apocalípticos, apenas un síntoma de un ocaso terrible: el ocaso de la espontaneidad. Para los optimistas, la buena nueva de que tiempos mejores vendrán, porque peores no quedan. Y en medio de todo, la convicción de Chagall: “El arte es el incesante esfuerzo por competir con la belleza de las flores… y nunca se tiene éxito”.

Juan Antonio García Borrero.

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Wed, 09 Jul 2008 17:57:27 +0100
DOMINGOS II http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/08/domingos-ii http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/08/domingos-ii A propósito del post sobre los domingos, acabo de encontrar esta frase francamente genial de Robert Benchley: "Millones de seres suspiran por la inmortalidad... y no saben qué hacer una tarde de domingo lluvioso".

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Tue, 08 Jul 2008 15:20:46 +0100
CUBA EN BUÑUEL, BUÑUEL EN CUBA. http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/07/cuba-en-bunuel-bunuel-en-cuba http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/07/cuba-en-bunuel-bunuel-en-cuba Por estos días intento darle forma a un ensayito sobre la recepción de Luis Buñuel en Cuba. Los vínculos de Buñuel a esta isla donde su padre vivió a lo largo de treinta años, llegando a crear una próspera fortuna que le permitió regresar a Calanda en 1898, ha sido estudiado de forma exhaustiva por el investigador Luciano Castillo, tanto en su artículo “La Habana de Buñuel”, como en su libro “Carpentier en el reino de la imagen” (1). Sin embargo, más que el rastreo de lo que sería un “buñuelismo” tangible (que estaría asociado a los intentos de filmar “El acoso”, de Carpentier, por ejemplo), lo que me interesa explorar es la impronta del cineasta en una Habana que jamás visitó. La química más que la física; el eco del nombre, más que el nombre en sí.

Entre los textos que más gusto me está dando releer, hay un libro que se titula “Las huellas de Buñuel (Influencias en el cine latinoamericano)”, del investigador aragonés Francisco Javier Millán Agudo. Los libros son como alfombras mágicas, que nos permiten desplazarnos en el tiempo y en el espacio, con una facilidad asombrosa. Si el libro es de los buenos (de esos que crean sus propios mundos, y nos hacen descubrir esa parte de nosotros que jamás hemos podido ver en un espejo) ese viaje será más que perdurable.

El libro que menciono me ha retornado al lugar donde a diario crece la leyenda de los “amantes de Teruel”. Hace dos años Francisco Javier Millán me invitó a impartir un par de conferencias en ese sitio. La experiencia fue inolvidable, porque además de gozar de su hospitalidad, pude visitar Albarracín, considerado por muchos el pueblo más hermoso de España (razones sobran en ese perímetro amurallado para pensar así), y también el singular “Museo Centro Buñuel” de Calanda, al frente del cual está otro enamorado de todo lo que se vincule al tema: Javier Espada.

Lo que uno cuente de este singular museo está condenado a describir solo una mínima parte de lo que allí acontece. Basta decir que no es un museo al uso, sino un sitio donde tal parece que es Buñuel el que se encarga de guiarnos de sorpresa en sorpresa. La proyección artística del realizador de “Las Hurdes” y “Los olvidados”, entre otras cintas, ha sido universal, pero su presencia durante un buen tiempo en México, permitió que esa influencia se incrementara en la región latinoamericana. Hay una amplia bibliografía al respecto, como uno puede comprobar en la propia biblioteca del Museo, pero el libro de Millán tiene la virtud de mostrarnos cómo,

“(d)esde México hasta la otra punta del subcontinente americano, en Chile y Argentina, pasando por Cuba, Brasil, Venezuela y Colombia, la huella de Buñuel se adivina en tantos y tan dispares cineastas como Luis Alcoriza, Alberto Isaac, Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Jaime Humberto Hermosillo, Paul Leduc, Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos, Tomás Gutiérrez Alea, Fernando Birri, Miguel Littin, Silvio Caiozzi, Román Chalbaud, Eliseo Subiela, Juan Carlos Tabío, Carlos Carrera, Beto Gómez, Dana Rotberg, Nicolás Acuña, Victor Gaviria y Arturo Sotto, entre otros. No son imitadores de Buñuel, ni discípulos, e incluso algunos confiesan desconocer la mayor parte de su filmografía. En cambio, todos ellos han hecho del cine, como lo hiciera Buñuel, un instrumento de poesía en permanente búsqueda de libertad. El influjo del cineasta de Calanda en estos autores es más conceptual que formal, si bien nunca faltan las citaciones intencionadas, ni las coincidencias temáticas, las atmósferas y las obsesiones comunes. Buñuel ha conseguido sin pretenderlo lo que pocos autores han logrado en el primer siglo de historia del cine, dejar una impronta perenne que reaviva la llama subversiva de sus filmes generación tras generación”. (2)

Para los cubanos, Buñuel, en efecto, fue desde antes que triunfara la Revolución de 1959, una de las referencias insoslayables de los futuros cineastas del ICAIC. El azar concurrente quiso que Alfredo Guevara (durante su exilio en México a finales de los años cincuenta) estuviese presente en la filmación de “Nazarín”. Tras el triunfo revolucionario, Buñuel sería uno de los primeros cineastas extranjeros en ser invitados a contribuir con su experiencia a la consolidación del ICAIC, y el calandino no dudó en mostrar su respaldo rápidamente en la siguiente misiva:

“México 27 de diciembre de 1959

Sr. Alfredo Guevara
Director del I.C. del A.I.C.
HABANA

Mi querido amigo:

Gracias por su carta tan llena de entusiasmo y tan prometedora para el cine de la nueva Cuba. No puede imaginarse como les deseo un triunfo total pues se encuentran en magníficas condiciones para hacer un buen cine. Aprovechen bien el momento ya que tienen las riendas en sus manos porque del futuro nadie puede responder. Ganen todo el camino que puedan antes de que comience a levantar el vuelo el “siniestro buitre” comercial. Contémplense en el espejo de México y vean a lo que esa “siniestrísima ave” ha reducido su cine. Lo que hagan hoy podrá servir de guía para el mañana. ¿En qué puedo servirles? Lo ignoro. Pero cuenten conmigo para lo que deseen.

Un abrazo muy fuerte,

Luis Buñuel” (3)

Si revisamos el primer Boletín (Servicio de Información y Traducciones) publicado por el ICAIC en agosto de 1962 podemos encontrar un artículo firmado por Michel Capdenac (“El secreto de Buñuel”), así como un compendio bastante amplio de opiniones alrededor de “Viridiana”, el filme que por entonces acababa de estrenar. Es por esa fecha que Buñuel debe haber propuesto al ICAIC el surrealista argumento de “Ilegible, hijo de flauta”, un proyecto concebido inicialmente junto al escritor Juan Larrea, y que como es conocido, nunca llegó a ser filmado. ¿Por qué el surrealismo de Buñuel resultó menos atractivo al ICAIC que el surrealismo que Armand Gatti propuso en “El otro Cristóbal”? Es un enigma que tal vez no consigamos poner en claro jamás.

Buñuel, a diferencia de Cesare Zavattini, Joris Ivens, Agnes Varda, o Theodor Christensen, nunca llegó a filmar en la isla, pero siguió siendo uno de los realizadores extranjeros que más atención recibiría en la revista “Cine Cubano”. Los cineastas del ICAIC lo seguían admirando como el gran humanista que fue, a pesar de que en los círculos más dogmáticos de la élite revolucionaria, la recepción de su cine no siempre resultó la más complaciente, como se puso de manifiesto en aquellas polémicas protagonizadas por Blas Roca y Alfredo Guevara a finales de 1963, y donde el primero denunciaba como “inconvenientes para el pueblo” un grupo de cintas (entre ellas “El ángel exterminador”/ 1961) que ofrecían una imagen pesimista de la realidad. En un contexto como aquel, un contexto donde la euforia colectiva solo tenía en mente la construcción de un orden social cualitativamente superior, ese escepticismo sistemático que está en la raíz misma del cine de Buñuel, contrariaba por completo la visión utópica que la izquierda del instante tenía del recién iniciado proceso revolucionario.

No cuento con elemento alguno que me permita tener una idea de cuál fue la posición de Buñuel ante “el caso Padilla”, que tanto dividió a la izquierda del momento en cuanto a Cuba. La verdad es que me resulta difícil pensar que alguien como Buñuel, tan hostil a todo lo que oliese a sectarismo, a monopolio intelectual por parte de un grupo (ya fuese religioso o político), no se hubiese sumado a las críticas realizadas entonces a la Revolución cubana, dada la negativa publicidad que esos incidentes alcanzaron en el mundo.

Buñuel, que en su momento llegó a comentar sobre el partido comunista español que “no podía soportar el orden del día, las interminables consideraciones, ni el espíritu celular”, y que veía en la libertad del individuo la única razón de ser de nuestra dignidad, encajaría más bien en el grupo de los alarmados. Pero, si las tenía, no quiso hacer públicas sus reservas. O las hizo y yo no me he enterado. O tal vez asumió la misma posición que Julio Cortázar, quien después de firmar la primera misiva que enviaron los intelectuales desde Europa a Fidel, decidió no figurar en la segunda por entender que eso se prestaba a una manipulación mayor por parte del “imperialismo”, a su juicio, el verdadero culpable de las penurias de una mayoría de desposeídos en el continente.

Lo cierto es que en 1972 (año en que su película “El discreto encanto de la burguesía” gana el Oscar al mejor filme de habla no inglesa), la revista “Cine Cubano” Nro. 76/77 le dedica a Buñuel un enjundioso dossier donde incluso aparece un fragmento del guión nunca realizado de “Ilegible, hijo de flauta”. Por otro lado, casi un año antes de morir (29 de julio de 1983) le escribe la siguiente carta a Alfredo Guevara:

“México 20 septiembre 1982

Alfredo Guevara

Ministerio de Cultura
La Habana

Mi querido amigo Alfredo Guevara.

¡Cómo no voy a recordarle cuando estuvimos más de un mes viéndonos diariamente durante la realización de NAZARÍN! Después he tenido a menudo noticias suyas y de su trabajo para organizar el cine cubano pues no llega ningún amigo mío de esa ciudad que no me de noticias suyas y de su actividad.

Mucho le agradezco el tono tan cordial de la carta que me hizo llegar con García Márquez y del honor que me hace al proponerme una entrevista filmada para su cineteca. Por desgracia y sobre todo por razones de salud estoy TOTALMENTE al margen del “Mundanal Ruido”. Hace ya tres años que apenas salgo de casa y más de cinco que no pongo los pies en un cine. Jamás veo T.V. Mis 82 años se dejan sentir y cada día siento algún fallo físico. Mi vista es pésima tanto que casi no puedo leer. Mis piernas flaquean y… basta de confesiones clínico-médicas. Amigo Guevara ya no estoy apto para interviews de ninguna clase. Todo eso no obsta para que si algún día viene V. a México tenga un gran gusto en verle y cambiar impresiones sobre sus actividades.

Un abrazo muy amistoso de

Buñuel”

¿Estuvo al tanto Buñuel de lo ocurrido en la isla a lo largo de esa década tan funesta? ¿Le llegaron los ecos del “quinquenio gris” o “decenio negro”? Es algo difícil de precisar. Tal vez Buñuel entendía que lo más importante era mantener a raya “el siniestro buitre comercial”, si bien eso entraba en contradicción con algo que afirmara en algún momento: “Si me propusieran quemar todas mis películas, lo haría sin pensarlo un momento. A mí no me interesa el arte, sino la gente”.

En lo personal, esta última observación siempre me ha parecido genial. O ¿acaso no es genial ese artista que admite que su ego no es el centro del mundo, sin que ello implique un trauma? Mi criterio es que Buñuel fue, hasta el final de sus días, uno de los espíritus más libres que se asomó al siglo XX. Aprendió a no esperar tanto de las revoluciones colectivas, como de él mismo. Detestó a partes iguales los totalitarismos ideológicos, y la moral burguesa que convierte en mediocre casi todo lo que toca, como alcanzó a denunciar Nietzsche.

Aspiró a una aristocracia espiritual, disimulando esa pretensión con lo que él llamaba un “anarquismo moderado”. Puso su personalidad (humana, demasiada humana) al servicio de un proyecto de vida que tenía una finalidad claramente libertaria, y donde lo importante no era traficar con la retórica del dolor, sino saber lidiar con el dolor mismo.

Juan Antonio García Borrero

NOTAS:

1) Luciano Castillo. “Carpentier en el reino de la imagen”. Ediciones UNION, La Habana, 2006.
2) Francisco J. Millán Agudo. “Las huellas de Buñuel (Influencias en el cine latinoamericano). Instituto de Estudios Turolenses. Teruel, 2004.
3) Revista “Nuevo Cine Latinoamericano” Nro. 5, Invierno 2003, pp 68-69.
4) Revista “Nuevo Cine Latinoamericano” Nro. 5, Invierno 2003, pp 68-69.

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Mon, 07 Jul 2008 12:29:13 +0100
DOMINGOS http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/06/domingos http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/06/domingos Odio los domingos, quizás por lo mismo que solía provocar las quejas de Gómez de la Serna: “Envejecemos sobre todo los domingos”. La gente lo asocia al descanso, a la cerveza que festeja la victoria de España en la Eurocopa, cuando en realidad los domingos se parecen demasiado a esos días insensatos que Harry Haller, el célebre “Lobo estepario”, describe como “días sin dolores especiales, sin preocupaciones especiales, sin verdadero desaliento y sin desesperanza; días en los cuales puede meditarse tranquila y objetivamente, sin agitaciones ni miedos, hasta la cuestión de si no habrá llegado el instante de seguir el ejemplo del célebre autor de los Estudios y sufrir un accidente al afeitarse”.

Durante un tiempo pensé que mi rencor hacia ese día se debía al lugar donde nací y vivo: en Camagüey pareciera que el domingo comienza todos las tardes después que la gente termina su trabajo. Pero he tenido la posibilidad de vivir domingos en otros lugares del mundo, y siempre experimento la misma sensación viscosa de estar contemplando los escombros de la semana. Lugares distintos, y al final, similar corazonada de que hemos llegado a un sitio donde nos toca palear, como si fuera nieve, las cenizas que va dejando el Tiempo.

Desde Denver alguna vez le escribí a alguien que aquella ciudad era como Camagüey, solo que con rascacielos: hoy sé que esa desmesura no la provocó ningún alucinógeno. Fue que llegué a esa ciudad un domingo. Suerte que quedan un par de fotos, pues lo único memorable que retengo de aquella anodina jornada es que probé por primera y única vez el helado de aguacate.

Quizás si lo hubiese saboreado un sábado, un lunes, o un miércoles, hoy no recordaría el sabor, y mucho menos a esa ciudad. Domingo: el peor de los días para hablar de cine cubano, o de lo que sea, en un blog.

Juan Antonio García Borrero

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Sun, 06 Jul 2008 14:54:15 +0100
CASABLANCA http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/05/casablanca http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/05/casablanca En mi primer Casablanca, el personaje de Humphrey Bogart no le pide a Sam que toque otra vez “As Time Goes By” (en realidad, sabemos que esa petición no existe: que todo fue un memorable despiste de Woody Allen). Tampoco aparece Ingrid Bergman, con ese magistral derroche de cursilería que bien le pudo costar un Oscar a la secuencia más ridícula, cuando pregunta si aquello que se escucha en lontananza son los cañonazos de los alemanes o el eco de su propio corazón. Ese, el filme, fue mi segundo Casablanca.: Pero antes, en mi caso, hubo otro Casablanca que me llevó a fetichizar la película: el cine Casablanca.

Para cualquiera que haya vivido en Camagüey, Casablanca siempre fue un poco como el bar de Rick: el sitio donde todo el mundo tenía que ir aunque fuera una vez al año. Llegó a tener gente que, lunes por lunes (ese era el día que entonces se estrenaban los filmes) se fugaban puntuales de sus trabajos. Hicieron del contrabando de rumores que más tarde determinarían la suerte del estreno, casi una profesión.

Casablanca no fue el cine más grande de la ciudad, ni el más vistoso (ese adjetivo le corresponde al Alkázar), pero sí el más popular. Tenía 1200 capacidades, lo cual hoy puede parecernos monstruoso, mas no pocas fueron las oportunidades en que la fila de “moviegoers” (para seguir con terminología hollywoodense) llegaba hasta la calle Lope Recio, colapsando la paciencia de los choferes que transitaban por Estrada Palma.

No tengo la certeza de cuál pudo ser la película más taquillera que pasó por allí. Hay quien habla de las aglomeraciones provocadas por “La vida sigue igual”, con Julio Iglesias. Otros, de una cinta mexicana titulada “La niña de los hoyitos”, que de tanto exhibirse, al final ni los hoyitos se veían. Entre las que yo evoco, con cristales rotos, policías controlando el acceso al pequeño parque aledaño al cine, y todo un ritual carnavalizante de la ansiedad colectiva, está la cubana “La Bella del Alhambra”, de Enrique Pineda Barnet.

Guillermo Cabrera Infante decía que “lo malo de ser cubano es que, en cuanto uno habla en serio, suena a la letra de un bolero conocido”. Sé que corro el riesgo de que, sobre todo los más jóvenes, perciban en estas líneas una incurable proximidad a lo sensiblero. Es lógico: estoy hablando de algo que ya no existe. Que tal vez nunca existió, pues seguro hay tantos cines Casablanca, como personas han pasado por allí.

Cada espectador lo recordará a su modo. Para unos, ese lugar será asociado a la inocencia de la infancia. Otros lo evocarán como una oscura Catedral donde era posible elevarle al Deseo reprimido las más fervientes plegarias. No quiero idealizar ese sitio: solo digo que, en mi caso, Casablanca fue el principio de una larga amistad con el cine.

Juan Antonio García Borrero

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Sat, 05 Jul 2008 14:24:51 +0100
CAMAGUEY: CINE, MEMORIA, Y CIUDAD (II) http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/04/camaguey-cine-memoria-y-ciudad-ii http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/post/2008/07/04/camaguey-cine-memoria-y-ciudad-ii Lo mejor que tiene un blog, a mi juicio, es que se puede hacer (apelando al término acuñado por Jean Lacouture) “historia inmediata”. Eso es lo que más me seduce de estos sitios: su dinamismo (que los pone en ventaja en cuanto a las páginas web y periódicos oficiales), su espontaneidad (que permite saltarse ciertos protocolos académicos, y corregir sobre la marcha eso que el conocimiento va buscando, y que en un doctorado resulta imperdonable), y su naturaleza rizomática (que evita la excesiva centralización de aquello que llamamos “autoridad epistemológica”). El que publica en un blog, sabe que tiene muchas más posibilidades de ser criticado que el que escribe un libro. Uno termina entendiendo lo que siempre ha sido evidente: que nadie tiene el monopolio de la verdad; que la Verdad (con mayúsculas) se construye entre todos.

Escribí un post sobre la ciudad de Camagüey y su “mala memoria” cinematográfica, que tenía toda la intención del mundo de provocar alguna reacción. De aquellos que habitan la ciudad no me ha llegado ningún comentario (ni a favor, ni en contra). Desde La Habana, en cambio, mi querido Pineda Barnet me recuerda uno de esos nombres que no deberían dejar de mencionarse en Camagüey cada vez que se hable de dramaturgia (Gloria Parrado). Desde Madrid, Lino Luis García Espinosa (muy ligado a Canaldocumental) recuerda a Armando Lazcano y su filmación del Camagüey de su época, mientras que Luciano Castillo (culpable de todo lo que ahora escribo, pues fue él quien me inició en el vicio) me da la buena noticia de que es posible que el próximo año la editorial “Ácana” imprima su libro “Apostillas para una cronología del cine en Camagüey”.

Esta última confidencia me devolvió a mis ya lejanos tiempos de estudiante en la Universidad de Camagüey (1982-1987). Sobre todo a aquella etapa en la que un grupo de muchachos, sin tener idea de lo que podía ser una “ciudad letrada”, intentamos crear nuestra propia fortaleza literaria, esta vez con el nombre de “Resonancias”. ¿Qué será de Raúl Marrero, su primer director, y con quien tanto me gustaba platicar en nuestra común Cátedra de Derecho?, ¿Y de Rodolfo Caballero Vila, segundo director? (estuve a punto de verlo en Miami, pero el encuentro se frustró); ¿O de Daniel Morales Crespo, que en aquel cuento publicado con el título “La salida”, ya anunciaba en sus primeras líneas lo que al final ha pasado: “Un día cualquiera se irá y no le verán más nunca el pelo”? .

Si saco a relucir “Resonancias”, además de la cosa pornonostálgica, es porque una muchacha muy joven (tiene casi la edad de mi hijo) me acaba de prestar un ejemplar del número 10, justo donde aparece un artículo de Luciano Castillo que ostenta el mismo título de su futuro libro. Reencontrarme con la revista fue como viajar en el tiempo. Como director de ese número ya estaba Benito Estrada Fernández, y como editor, Jorge Santos Caballero. En el Consejo Editorial, Rafael Almanza Alonso, José Antonio García Gradaille (mi otro yo –él dirá lo mismo- , es decir, la otra mitad del J. A. GARCIA del periódico “Adelante”), Joel Jover Llenderosa, Rhaimalú Llanes Pérez, Roberto Méndez Martínez, y Jorge Luis Varona López. Ese número empieza, además, con dos poemas inéditos de Virgilio Piñera, dedicados al músico camagüeyano Louis Aguirre D’Orio (Managua, Nicaragua, 1904- Camagüey, 1984), lo cual puede convertirlo de inmediato en un rotundo objeto del deseo de aquellos que persigan la obra de Piñera.

Pero quiero concentrarme en lo que ha originado que escribiera el primer post, y ahora esta suerte de secuela: la actividad cinematográfica en la ciudad, y su registro historiográfico. En aquel breve artículo preparado por Luciano Castillo, “ante la solicitud efectuada por la Especialista de Cine Cubano de la Cinemateca de Cuba”, el propio autor se encargaba de advertirnos de la dimensión del desafío con esta introducción:

“Precisar la fecha exacta en que se exhibió por primera vez el cine en Camagüey, el nombre del local, su ubicación y propietario, así como la persona que introdujo el invento y su nacionalidad, resulta casi imposible ante la carencia de fuentes documentales y lo incompleto de los fondos existentes de la prensa de la época. Determinar cuál fue el primer cine construido como tal en la localidad, la fecha de su inauguración y el nombre del propietario, además del título de la primera película, su procedencia, o los cortometrajes que integraron el primer programa exhibido en estos teatros de variedades conocidos como “Salones”, en los cuales se combinaban las películas con espectáculos musicales de todo género, también resulta algo difícil de delimitar por razones análogas.

Las páginas de los escasos ejemplares de los periódicos de entonces que sobrevivieron al decursar del tiempo, atiborradas de disímiles anuncios publicitarios, reseñas de sociedad y sensacionales reportes policiales de la crónica roja, no reflejaron los esfuerzos y tentativas cinematográficas emprendidas en nuestra provincia en los primeros años del siglo”.

Como dije en el anterior post, esa “desmemoria” llega hasta nuestros días. No es que no existan investigadores interesados en el tema. Está el esfuerzo descomunal de Luciano Castillo, que afortunadamente veremos publicado pronto. Sé que Jorge Luis Acosta lleva años recopilando información sobre la historia de los cines en la ciudad (en un número monotemático de la revista “Antenas (Segunda Época)” fue publicado un fragmento de la investigación), y lo que es una noticia todavía más alentadora, por lo menos tres jóvenes están aproximándose a este asunto como parte de sus estudios de maestría. El problema está en la carencia de un respaldo verdaderamente institucional.

Estas investigaciones verán en algún momento la luz, pero seguirán sin obtener un verdadero sentido, una utilidad, debido a la ausencia de un foro que permita conectarlas y proyectarlas a la comunidad. Con la creación de la Cátedra de Pensamiento Audiovisual “Tomás Gutiérrez Alea” ese sentido por fin habría comenzado a configurarse, pero la Cátedra ahora mismo sigue siendo un simple “closet”, como Omar González la describió con impecable precisión en algún momento.

Lo que decíamos de la urgencia de un equipo multidisciplinario se pone en evidencia con las investigaciones que hasta ahora ha realizado Luciano Castillo. Esa valiosa información que nos da en su libro, lejos de agotar el asunto, lo que hace es multiplicar los enigmas. Pongo el ejemplo de esa noticia que nos dice apareció en un periódico camagüeyano de 1910: “Se vende barato o se cambia por un caballo bueno, calesa y arreos como parte de pago, una máquina cinematográfica completamente operada por eléctrica, como también está preparada para luz de otra clase”. A partir de esta información, es preciso comenzar a investigar el contexto económico de la época, pero también el imaginario de ese período, y de esa zona donde estaba ubicado el aparato.

Lo verdaderamente interesante, por lo menos para mí, no es la anécdota curiosa de la venta o canje de un cinematógrafo por un caballo, sino lo que eso podía representar en el Camagüey de esa etapa. ¿Qué tipo de persona podía interesarse en ese tipo de aparato y por qué?, ¿el mismo que hoy compra un DVD o alquila películas en los bancos clandestinos? Esto, como dije antes, tendría que ver más con los estudios de recepción que con la historiografía pura, pero ayudaría a entender mucho más la complejidad del fenómeno, pues cine no es solo la película que vimos, sino el modo en que nos vestimos para ir a ver esa cinta, el transporte que escogimos para llegar hasta el lugar, y hasta el malhumor que provocó en nosotros descubrir que los cineastas no representaron la realidad del modo que uno espera.

Sé que esto que escribo no cambiará nada. No es que sea pesimista. Es que un post no puede mudar de aires una mentalidad que Luciano Castillo nos describe a la perfección en su artículo, cuando detecta que los periódicos del momento “no reflejaron los esfuerzos y tentativas cinematográficas emprendidas en nuestra provincia en los primeros años del siglo”. Desde entonces han pasado cien años, y el cuartico está igualito.

Juan Antonio García Borrero

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Fri, 04 Jul 2008 16:22:55 +0100